Ardor.
Sexo; después existo… pero antes ardo,
en ese instante donde todo es descaro,
tu piel y la mía rompiendo el reparo…
y el mundo cayendo, lento y raro.
No hay inocencia cuando el pulso estalla,
cuando el deseo sin miedo se halla,
cuando tu cuerpo mi nombre no calla…
y el tiempo se quiebra, se dobla, se estalla.
Sexo; incendio que no pide permiso,
lenguaje sin letras, directo, preciso,
miradas que dicen “perdamos el juicio”…
y el alma se entrega sin previo aviso.
Es vértigo dulce, tensión encendida,
es carne que vibra sintiéndose viva,
es roce que empuja, que insiste, que activa…
una fuerza cruda, salvaje, instintiva.
Y en ese borde, tan lleno de nada,
somos dos fuerzas sin forma pactada,
sin culpa, sin pausa, sin mente atada…
solo energía buscando ser liberada.
Sexo; después existo… más suelto, más cierto,
con el cuerpo en calma, el latido abierto,
como si el caos hubiera cubierto…
todo lo que soy… y lo hubiera despierto.
Y en esta métrica intensa y sincera,
te digo: hay fuego que no se modera,
que en lo más hondo se vuelve frontera…
entre lo que oculto… y lo que me quema.
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