miércoles, 25 de febrero de 2026

Bajo la superficie.


Bajo la superficie.

Natación.
No es solo deporte,
es silencio en movimiento.

Me sumerjo
y el ruido se disuelve,
las voces del día
quedan lejos, en la orilla.

El agua marca el tempo,
uno, dos, respirar,
como un freestyle interno
que no necesita rimar.

Aprendí que el miedo flota
si lo miro de frente,
que el cuerpo confía
cuando la mente se siente.

Cada brazada es avance,
aunque no haya aplauso alrededor,
porque competir conmigo
ya es un honor.

Natación.
Fluir sin máscara,
hundirme sin caer,
y salir a la superficie
sabiendo
que volví a creer.





 

martes, 24 de febrero de 2026

Respirar bajo el agua.


Respirar bajo el agua.

Natación.
Palabra que parece simple,
pero es diálogo con el silencio.

Entro al agua
y el mundo baja el volumen,
los problemas se quedan
en la orilla del ruido.

Braceo constante,
ritmo interno,
como un freestyle sin micrófono
pero con eco eterno.

Aprendí que no se trata
de ganar velocidad,
sino de encontrar
mi propia profundidad.

El agua no juzga,
solo exige verdad:
si te tensás, te hundís;
si fluís, sabés nadar.

Natación.
Respirar distinto,
moverse sin peso,
sentir que el cuerpo y el alma
van en el mismo proceso.






 

La muchacha y el muro infinito.



La muchacha y el muro infinito.

Hay un muro que grita colores
como si el mundo no tuviera memoria.
Hay una muchacha de rodillas
que parece cargar su propia historia.

El fondo estalla en neón,
azules que cortan el aire,
rosas que incendian la noche,
verdes que nadie repare.

Pero ella calla.
Y en su silencio hay un laberinto.

Sus ojos brillan como símbolos
que el sol hubiera escrito:
dos espejos donde el universo
se repite, exacto e infinito.

No está vencida en la piedra,
está pensando su destino,
porque a veces caer de rodillas
es elegir el camino.

El grafiti firma el caos,
la ciudad late sin ley,
pero su pulso marca el ritmo:
boom bap del alma, ¿ok?.

La vida tira barras pesadas,
sin métrica, sin compás,
te lanza dudas en llamas
y te pregunta quién sos, nada más.

Y ella responde sin ruido,
sin pose, sin actuación:
“Soy fuego bajo la piel,
soy mi propia definición.”

No todo lo roto es derrota,
no todo el gris es final,
hay belleza en la grieta
que deja pasar lo esencial.

Entre escombros y luces eléctricas
se escribe una revelación:
el mundo puede ser muro,
pero tú decides la canción.






 

lunes, 23 de febrero de 2026

Neón en el laberinto.


Neón en el laberinto.

Arrodillada en piedras blancas,
como si el mundo fuera ruina,
ella sostiene la noche
con una mirada que ilumina.

Detrás, el muro grita en colores,
firma su caos con aerosol,
pero en sus ojos hay otro universo,
un fuego rosa, íntimo sol.

Parece frágil 
—dicen las sombras—,
parece sola en la ciudad,
pero quien ha mirado el abismo
sabe nombrar la eternidad.

Grafiti eléctrico en la espalda,
laberinto de azul y neón,
como si el barrio fuera un libro
escrito sin puntuación.

Y ella, centro del ruido,
silencio que sabe rimar,
rodillas firmes sobre escombros,
lista para improvisar.

Porque la vida es freestyle puro,
sin libreto ni redención,
te tira al suelo y te pregunta:
¿Cuál es tu definición?.

Y ella responde sin palabras,
con postura, pulso y fe:
“Si el mundo me pinta caos,
yo me reinvento en lo que sé.”

No todo brillo es superficie,
no todo muro es prisión,
a veces el arte es la herida
que encuentra su canción.

Y en medio del gris quebrado,
bajo el grafiti feroz,
hay una chica reconstruyéndose
con neón en la voz.





 

Corazón en ronda.


Corazón en ronda.

Mis amigas son la cura de mi corazón,
no porque borren heridas,
sino porque me enseñan
a mirarlas sin temor.

Cuando el amor falla,
cuando el mundo pesa,
ellas llegan sin juicio
y la pena se confiesa.

Nos sentamos a desarmar
lo que parecía final,
y entre risas sinceras
todo vuelve a empezar.

Yo aprendí en esas charlas
que llorar también es fuerte,
que la amistad verdadera
le discute a la suerte.

No traen milagros grandes,
traen verdad y calor,
y en ese gesto simple
se recompone el dolor.

Mis amigas son la cura de mi corazón,
porque cuando dudo de mí,
ellas sostienen
mi mejor versión.





 

domingo, 22 de febrero de 2026

Remedio compartido.


Remedio compartido.

Mis amigas son la cura de mi corazón,
no vienen en frasco,
no tienen receta,
pero sanan mejor.

Cuando el amor se rompe
y el orgullo se quiebra,
aparecen con risa
y verdad sin etiqueta.

Me conocen en sombras,
en versión sin filtro,
cuando el maquillaje cae
y el ánimo es mínimo.

Aprendí que la vida
no se enfrenta en soledad,
que hay abrazos que cosen
lo que no sabe explicar.

No curan con magia,
curan con presencia,
con mate, con charla,
con paciencia inmensa.

Mis amigas son la cura de mi corazón,
porque cuando todo duele
me recuerdan
quién soy.





 

sábado, 21 de febrero de 2026

Ese pequeño triunfo.


Ese pequeño triunfo.

Nice.
Así, sin exagerar,
como quien sonríe leve
pero por dentro explota.

No es euforia desmedida,
es satisfacción precisa,
cuando el esfuerzo callado
por fin se materializa.

Nice
es la meta chiquita lograda,
el diseño que encaja perfecto,
el paso firme después de la nada.

Aprendí que no todo éxito
necesita escenario y canción,
a veces basta un susurro
que confirme la intención.

Nice
cuando el miedo no ganó,
cuando el intento valió,
cuando el corazón entiende
que avanzar
ya es un montón.





 

Simplemente, nice.


Simplemente, nice.

Nice.
Tan breve la palabra
y tan grande el momento.

No grita victoria,
no pide aplauso,
solo cae exacta
cuando algo encaja.

Nice
es ese segundo limpio
donde el caos descansa,
donde el plan funciona
y el alma no se cansa.

Aprendí a celebrarlo así,
sin fuegos artificiales,
porque la vida no siempre
regala finales épicos.

A veces basta
con que algo salga bien,
con que el corazón diga
“valió la pena”.

Nice.
Pequeña palabra,
gran sensación:
cuando el mundo se ordena
justo a tu favor.





 

El centro que me ordena.


El centro que me ordena.

Soy líneas que se buscan,
nodos que se enlazan,
un mapa dibujado
cuando las dudas pasan.

Arriba una pregunta,
abajo una raíz,
a los lados caminos
que dicen “sé feliz”.

Pero no es tan simple,
la vida no es esquema,
es pulso que se mueve
aunque nadie lo vea.

Yo también fui caos,
puntos sin conexión,
ideas dispersas
pidiendo dirección.

Hasta que entendí algo
tan claro y tan profundo:
si encuentro mi centro
no me pierde el mundo.

Cada círculo es vínculo,
cada trazo elección,
cada cruce es el instante
donde nace la intención.

No necesito ruido
ni respuesta total,
me basta con sentir
que mi eje es real.

Porque cuando el alma
se alinea en silencio,
el universo deja
de ser tan inmenso.





 

Geometría del alma.


Geometría del alma.

Líneas que se cruzan,
círculos que laten,
un centro que sostiene
lo que los extremos combaten.

No es solo un símbolo,
es mapa interior,
una brújula callada
que apunta al valor.

Arriba, la pregunta.
Abajo, el origen.
A los lados, caminos
que exigen y corrigen.

Aprendí que la vida
no es recta ni simple,
es nodo que conecta
lo frágil y lo firme.

Cada círculo es vínculo,
cada línea decisión,
cada cruce es el instante
donde elijo dirección.

No todo está afuera,
no todo es destino,
hay un centro invisible
marcando el camino.

Y aunque el mundo gire
sin dar explicación,
si encuentro mi eje,
encuentro razón.

Geometría del alma,
silencio que guía,
cuando entiendo mi forma
entiendo mi vida.





 

Hijo del universo.


Hijo del universo.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
fragmento mínimo
de un fuego antiguo.

No caí por accidente,
soy resto de una explosión sagrada,
materia que aprendió
a llamarse alma.

Camino con dudas humanas,
pago cuentas, tropiezo,
pero en la sangre guardo
la memoria del cielo.

A veces me siento chico,
perdido en la ciudad,
y olvido que estoy hecho
de la misma luz que el mar.

La vida me golpea fuerte,
me enseña a resistir,
porque no vine a brillar quieto,
vine a existir.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
con miedo,
con fe,
pero decidido
a arder hasta el fin.





 

viernes, 20 de febrero de 2026

Materia que insiste.


Materia que insiste.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
chispa antigua
con ganas de latir.

Vengo de un cielo
que ya no recuerdo,
pero algo en mi pecho
sabe que no estoy perdido.

Camino la tierra
como quien cae del cosmos,
aprendiendo a ser humano
entre errores y asombros.

Me dijeron “sos pequeño”,
me sentí a veces así,
pero el universo respira
también dentro de mí.

Cada miedo es eclipse,
cada logro, explosión,
cada lágrima guarda
una constelación.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
no perfecto,
no eterno,
pero ardiendo por sentir.





 

Plano secuencia.


Plano secuencia.

¡LPM, esto es cineee!,
lo grita el pecho sin ensayo,
cuando la vida mete un giro
que no estaba en el calendario.

No hay director ni corte,
no hay segunda toma,
es el destino improvisando
con sangre y con aroma.

El héroe era el más callado,
la escena parecía perdida,
y de pronto el silencio
se convierte en ovación encendida.

Yo viví un momento así,
cuando todo era cuesta arriba,
y en un segundo exacto
la historia cambió de esquina.

No es ficción exagerada,
es verdad cuando sorprende,
cuando el miedo queda chico
y el alma se enciende.

¡LPM, esto es cineee!,
cuando el instante es tan sincero
que ni el mejor guionista
lo hubiera escrito primero.





 

Entradas populares

Destacados

Bajo la superficie.

Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *