martes, 17 de febrero de 2026

Entre el saludo y el incendio.


Entre el saludo y el incendio.

¿Beso de buenas noches
o noche de buenos besos?
La frase suena leve,
pero late como exceso.

Hay noches que se conforman
con un roce educado,
y otras que piden historia
en cada labio rozado.

Yo aprendí tarde
que el límite es frágil,
que un beso pequeño
puede cambiar el paisaje.

No es cuestión de apuro,
es cuestión de intención,
si el corazón se adelanta
no hay reloj ni razón.

Decime qué busca tu boca
cuando el día se apaga:
si cerrar el capítulo…
o empezar la saga.





 

lunes, 16 de febrero de 2026

La duda del deseo.


La duda del deseo.

¿Beso de buenas noches
o noche de buenos besos?
La pregunta cae suave,
pero enciende el universo.

Hay gestos que son frontera,
otros son puerta abierta,
y a veces una caricia
decide la respuesta.

Aprendí que el amor no avisa,
no toca timbre ni razón,
empieza con algo simple
y termina en canción.

Un beso puede ser despedida,
o el principio del fuego,
todo depende del pulso
que lleven los cuerpos.

Así que no apuremos la noche,
dejemos hablar al momento:
si el beso es sincero,
la noche sabrá
qué hacer con el resto.





 

Ébano en pie.


Ébano en pie.

Soy sombra dibujada,
trazo que no pide permiso,
casco mirando al frente
aunque el mundo esté indeciso.

Rojo que gotea memoria,
mancha que no se esconde,
cada gota es una historia
de esas que nadie responde.

No nací guerrero,
me hice en el intento,
cuando la vida golpeaba
sin aviso y sin argumento.

Aprendí que la armadura
no es hierro ni metal,
es la fe que te sostiene
cuando todo sale mal.

Avanzo sin gritar,
mi paso no hace ruido,
pero cargo cicatrices
que me dejaron erguido.

Porque el valor no es brillo,
ni victoria asegurada,
es mirar al miedo fijo
y no bajar la mirada.

Soy figura en tinta oscura,
pero late el corazón,
y aunque el mundo sea batalla
yo elijo mi razón.

Ébano en pie, firme y sincero,
no peleo por aplausos,
peleé por no caer primero.






 

domingo, 15 de febrero de 2026

Guerrero de tinta.


Guerrero de tinta.

Negro sobre blanco,
silencio con casco,
historia que sangra
en cada trazo.

No es mármol perfecto,
es mancha que cae,
es guerra dibujada
en pulso inestable.

Lo miro y me miro:
también fui armadura,
también levanté lanza
cuando el miedo murmura.

Aprendí que la fuerza
no siempre hace ruido,
a veces resiste
callada, herido.

La vida es batalla
sin campo anunciado,
te empuja al centro
sin darte soldados.

Y ahí comprendí,
entre sombra y reflejo,
que el héroe no nace
invicto ni viejo.

Se forja en la duda,
se tiñe de oscuro,
se cae, se levanta,
camina seguro.

Porque no es la espada
lo que marca el destino,
es seguir avanzando
aunque tiemble el camino.

Guerrero de tinta,
manchado de ayer,
no lucho por gloria,
lucho por ser.





 

Vale seguir.


Vale seguir.

No te detengas,
aunque el suelo tiemble,
aunque la noche parezca
más larga que tu fe.

Tus sueños valen la pena,
no porque sean perfectos,
sino porque nacieron
cuando nadie miraba.

Yo también dudé,
me senté al costado del camino,
mirando cómo otros corrían
con certezas prestadas.

Pero el corazón 
—terco y sabio—
me habló sin metáfora:
“si no avanzás por miedo,
ya estás perdiendo”.

No te detengas,
aunque sea paso corto,
aunque sea en silencio.

Porque el que insiste
con verdad en el pecho,
termina llegando
a su propio destino.





 

sábado, 14 de febrero de 2026

Seguí, aunque tiemble.


Seguí, aunque tiemble.

No te detengas,
aunque el viento discuta,
aunque el miedo susurre
que no sos suficiente.

Tus sueños valen la pena,
no por grandes,
sino por tuyos,
por llevar tu nombre
escrito en la frente.

Yo frené una vez,
creí que era tarde,
que el tren del intento
ya había partido.

Pero entendí algo simple,
de esos golpes que despiertan:
no hay reloj más fuerte
que el deseo decidido.

No te detengas,
aunque camines lento,
aunque nadie aplauda
tu movimiento.

Porque la vida no es llegar primero,





 

Latido sin permiso.


Latido sin permiso.

Vivo al ritmo de mi corazón,
sin partitura prestada,
sin seguir la coreografía
de una vida armada.

Me dijeron “andá despacio”,
“pensá mejor cada paso”,
pero el pecho marcaba fuego
cuando dudaba el fracaso.

Corrí detrás de relojes,
me cansé de encajar,
hasta que un día entendí
que vivir no es agradar.

El corazón no negocia,
late crudo, late fiel,
cuando todo es confuso
él me sabe leer.

No siempre acierta el camino,
pero nunca miente la intención,
prefiero errar sintiendo
que ganar sin emoción.

Vivo al ritmo de mi corazón,
con cicatrices y canción,
porque si el pulso está vivo,
hay destino en cada decisión.





 

viernes, 13 de febrero de 2026

Compás propio.


Compás propio.

Vivo al ritmo de mi corazón,
no al del reloj ajeno,
ni al ruido de la opinión
que siempre habla primero.

Late cuando quiere,
acelera sin permiso,
me empuja a saltar
aunque tiemble el piso.

Quise seguir metrónomos,
reglas, manual, dirección,
pero la vida me enseñó
que el pulso manda razón.

Caí por apurarme,
perdí por no escuchar,
hasta que entendí algo simple:
mi latido sabe más.

Vivo al ritmo de mi corazón,
con errores y valor,
porque nadie camina lejos
si no escucha
su propio tambor.





 

Ritmo que se pasa.


Ritmo que se pasa.

Exceso de cumbia 420,
late el bajo en el pecho,
la noche gira lento
y el barrio se siente derecho.

No es solo música,
es escape,
es sudor que limpia
lo que el día no sabe.

Bailé para olvidar cuentas,
para callar la presión,
para que el cuerpo diga
lo que no dice la razón.

La vida pega duro,
pero el ritmo responde,
cuando el mundo aprieta
la cumbia te esconde.

Exceso, sí, tal vez,
pero también corazón:
porque a veces sobrevivir
es subir el volumen
y seguir el son.





 

jueves, 12 de febrero de 2026

Marca de permanencia.


Marca de permanencia.

No soy palabra completa,
soy inicial.
Un golpe seco en el papel,
una esquina firme en medio del blanco.

La tinta cayó sin permiso,
salpicó el margen,
ensució la idea perfecta
que alguien quería dibujar.

Pero así es la vida,
no viene en tipografía elegante,
viene con manchas,
con bordes rotos,
con decisiones que pesan.

Me quisieron borrar más de una vez,
suavizar mi forma,
volverme neutro, invisible.
Pero resistí.

Porque aprendí que ser uno mismo
no es pulcro,
es intenso.
Es dejar huella aunque chorree,
aunque incomode.

Soy esa letra que no pide disculpas,
que cae fuerte y se queda,
que no necesita completar el alfabeto
para tener sentido.

Y si el mundo es una página incierta,
yo elijo marcarla.
Con ruido.
Con mancha.
Con verdad.





 

miércoles, 11 de febrero de 2026

La letra que resiste.


La letra que resiste.

Soy una letra marcada en negro,
manchada de historia,
salpicada de intentos
que no siempre salieron perfectos.

No soy limpia ni prolija,
soy trazo crudo,
soy tinta que cae
cuando la mano tiembla.

Aprendí que escribir es pelearle al vacío,
que cada golpe de tinta
es un “aquí estoy”
contra el silencio.

La vida me escribió torcido,
me borró, me rehízo,
me dejó manchas que hoy
parecen cicatrices elegantes.

Y entendí 
—en medio del caos—
que no importa cuán rota parezca la forma,
si el mensaje respira,
vive.

Porque al final,
no somos la perfección del trazo,
somos la fuerza
con la que marcamos el papel
aunque el mundo intente
dejarnos en blanco.








 

Donde empieza la luz.


Donde empieza la luz.

Tu sonrisa es mi sentir de amor favorito,
mi escena repetida,
mi mejor estribillo.

Cuando el día viene torcido
y el mundo juega en contra,
aparecés con esa curva leve
y todo encuentra forma.

No es magia exagerada,
es algo más sencillo:
es saber que en tus labios
descansa mi equilibrio.

Aprendí que el amor no grita,
se nota en lo pequeño,
en esa risa tuya
que me despierta el pecho.

Si me preguntan qué elijo
entre mil definiciones,
me quedo con tu sonrisa:
mi lugar seguro,
mi canción sin condiciones.





 

martes, 10 de febrero de 2026

Preferencia del alma.


Preferencia del alma.

Tu sonrisa es mi sentir de amor favorito,
no por costumbre,
sino porque me ordena el mundo.

Hay gestos que dicen más
que cualquier promesa larga,
y el tuyo me alcanza
para creer.

La vida me mostró caminos duros,
caras serias,
días donde el pecho pesa,
pero aparecés
y todo afloja.

No es exageración,
es experiencia:
cuando sonreís
el tiempo baja la voz.

Si tengo que elegir un refugio,
no es un lugar ni un plan,
es ese instante simple
donde tu sonrisa
me recuerda
cómo se ama.





 

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