miércoles, 4 de febrero de 2026

El umbral que me nombra.


El umbral que me nombra.

Llegué hasta acá sin mapas,
con los bolsillos llenos de intentos
y la voz cansada de explicarme al mundo.

El cielo se partió en dos como un espejo antiguo:
de un lado, la paz que ya conozco,
del otro, el vértigo de empezar de nuevo.
Ambos me miran.
Ambos dicen “soy yo”.

Hubo un tiempo en que quise certezas,
una señal clara, una línea recta,
pero la vida 
lo aprendí a los golpes
es más pasillo que destino.

Crecí eligiendo a medias,
avanzando con miedo pero avanzando,
perdiendo personas, versiones, promesas,
ganando cicatrices que hoy me sostienen.

En este umbral entiendo algo simple:
no soy el que duda,
soy el que llegó hasta acá.
No soy el final del camino,
soy el paso que se anima.

Y mientras el mundo se divide en colores imposibles,
camino.
Porque quedarse quieto también es una elección,
y yo ya elegí
seguir siendo.





 

martes, 3 de febrero de 2026

Entre dos luces.


Entre dos luces.

Estoy parado en el borde del camino,
con el pasado respirándome en la nuca
y el futuro llamándome por mi nombre.

A la izquierda, la luz que promete calma,
el lugar donde todo parece entendido,
donde los errores se perdonan
como libros ya leídos.


Aprendí 
—tarde, como casi todo—
que la vida no avisa cuándo divide el mundo en dos,
solo te deja ahí,
con el silencio preguntando qué vas a ser.

Caminé noches enteras dudando,
pensando que elegir era traicionar algo,
pero entendí que no elegir
también es una forma de perderse.

Hoy miro ambos lados sin rencor:
soy la suma de lo que fui
y la sombra de lo que seré.
No busco certezas,
busco coraje.

Porque el destino no está en la luz ni en la oscuridad,
sino en el paso que doy
cuando acepto que el camino
se escribe mientras avanzo.





 

lunes, 2 de febrero de 2026

La épica menor de una ronda más.


La épica menor de una ronda más.

Unos fernachos más, amigos,
y la noche pierde formalidades,
se caen las máscaras
como monedas del bolsillo.

Alguien habla de más,
otro ríe de menos,
hay silencios incómodos
que duran lo justo
para volverse chiste.

Situaciones embarazosas,
sí,
pero llenas de humanidad:
el error se brinda,
la torpeza se aplaude,
nadie queda afuera del verso.


Y entendemos, sin decirlo,
que estos momentos simples
son la verdadera hazaña:
ser ridículos juntos,
reír sin defensa,
y volver a casa
con una historia más
para no olvidar quiénes somos.





 

domingo, 1 de febrero de 2026

Brindis que se vuelven historia.


Brindis que se vuelven historia.

Unos fernachos más, amigos,
y la noche afloja el nudo,
la vergüenza se sienta a un costado
y el recuerdo empieza a rimar solo.

Risas que salen torcidas,
copas que chocan ideas,
alguien cuenta lo que no debía
y nadie juzga,
porque todos estuvimos ahí.

Situaciones embarazosas,
sí,
pero también necesarias:
tropezar para saber
que el piso no muerde
si hay manos que te levantan.

Improvisamos la vida
entre anécdotas y hielo,
sonrisas de amistad sincera
donde el ridículo
se vuelve medalla.

Y al final de la noche
sabemos algo simple:
no recordaremos el sabor del trago,
sino la risa compartida
cuando éramos eternos
por un rato más.





 

sábado, 31 de enero de 2026

El ritmo donde te nombro.


El ritmo donde te nombro.

Cuando tú bailas, mi corazón se enciende,
no por milagro,
sino por memoria.
Algo en tu movimiento
me recuerda quién era
antes del cansancio.

Bailas
y el mundo se vuelve pequeño,
cabe entero en un compás,
en ese segundo exacto
donde tus pies improvisan
y mi pecho responde en música.

No es solo verte,
es sentir que el tiempo afloja,
que la vida deja de empujar
y se deja llevar,
como si supiera
que ahora mandás vos.

Cada giro tuyo
es una rima que me salva,
una experiencia aprendida a golpes:
que el amor no se explica,
se acompaña
sin marcar el paso.

Cuando tú bailas,
mi corazón se enciende
porque entiende lo esencial:
hay fuegos que no queman,
solo alumbran
el camino de volver a latir.





 

Abrazo de un adiós.

 Abrazo de un adiós.

Escribo en un punto del tiempo,

Tristeza, sí.
Esa lluvia espesa 
que cae sin pedir permiso.

Un alivio raro,
como una luz encendida en cada casa vacía.


Partiste en cuerpo, pero quedó tu voz.
Quedó tu bonita sonrisa,
los juegos en la niñez & alegrías juntos.

Soy lo que recuerdo 
& hoy vivís en ese espacio infinito;
en cada comida, 
en cada compartir & en cada abrazo.

Tú forma sencilla de ser; 
esa que no hacía ruido & ordenaba el caos.

Tu partida cierra una puerta;
& abrió un mundo donde el amor es eternidad.

Madrina, 
simplemente gracias & abrazos!.




Cuando el pulso aprende a bailar.


Cuando el pulso aprende a bailar.

Cuando tú bailas, 
mi corazón se enciende,
no lo digo en metáfora vacía:
arde de verdad,
como una lámpara antigua
que alguien recuerda encender.

Bailas
y el tiempo se desordena,
se equivoca de siglo,
me devuelve a un instante
donde todavía creía
que el mundo podía salvarse con un gesto.

Cada paso tuyo
es una palabra que no dije,
un verso que se improvisa en el aire,
música del cuerpo
rimando contra mi pecho
sin pedir permiso.

Yo te miro
y entiendo algo simple:
no todo late para sobrevivir,
algunos latidos
solo quieren acompañar.

Cuando tú bailas,
mi corazón se enciende
porque reconoce su ritmo,
porque sabe 
que el amor no es promesa ni futuro,
sino este ahora
que se mueve
y no vuelve.


 

viernes, 30 de enero de 2026

Donde el trazo no se rinde.


Donde el trazo no se rinde.

La vida me enseñó a golpes suaves,
de esos que no se notan
pero quedan.
Como este círculo imperfecto:
manchado,
firme,
vivo.

Yo también fui borde,
fui mancha,
fui silencio.
Aprendí a quedarme
cuando todo invitaba a irse,
a sostener
cuando lo fácil era soltar.

No siempre avancé rápido,
pero avancé entero.
Cada caída fue peso,
cada peso, raíz.
Así se construye el tiempo:
con pasos lentos
y decisiones que nadie aplaude.

Tauro no empuja por rabia,
empuja por convicción.
Porque sabe que lo real
no se rompe con ruido,
se quiebra despacio.

Hoy miro este símbolo
y me reconozco:
un círculo abierto,
con cuernos al cielo,
diciendo sin palabras
que seguir
también es una forma de creer.

Y creer,
a veces,
es suficiente.





 

El círculo que embiste.


El círculo que embiste.

Nací dando vueltas,
como este trazo negro sobre el blanco,
un círculo que parece quieto
pero guarda furia en los bordes.

Fui terco antes de saber mi nombre,
aprendí temprano que resistir
también es una forma de avanzar.
La vida empuja,
yo subo la cabeza
y sigo.

Hay días en que todo se rompe:
trabajos que no vuelven,
personas que se van sin cerrar el anillo,
promesas que gotean como tinta fresca.
Ahí entendí
que no todo círculo se cierra,
pero igual se sostiene.

Este signo no grita,
late.
No corre,
permanece.
Cuando el mundo se acelera,
yo marco el ritmo con los pasos.

Soy Tauro:
memoria en la sangre,
fuerza silenciosa,
un dibujo simple
que carga una vida entera
empujando hacia adelante
aunque duela,
aunque tarde,
aunque nadie mire.

Porque quedarse de pie
también es una victoria.





 

jueves, 29 de enero de 2026

Dulce refugio.


Dulce refugio.

Chocolate, please,
no por capricho,
sino por equilibrio emocional
de emergencia.

Lo pido cuando el día
se pone áspero,
cuando la adultez pesa
más de la cuenta.

Es rito pequeño,
abrazo marrón,
un segundo de infancia
robado al reloj.

La vida me enseñó
a resistir fuerte,
pero también
a aflojar gentil.

Y si el mundo aprieta,
ya sé qué hacer:
un poco de dulzura
también es coraje.








 

Antojo esencial.


Antojo esencial.

Chocolate, please,
lo digo bajito,
como quien pide auxilio
sin hacer ruido.

No es gula,
es memoria:
la merienda tibia,
el día torcido que afloja.

Hay placeres chicos
que salvan jornadas largas,
un cuadradito de calma
cuando el mundo no alcanza.

Aprendí con los años
—y algún golpe de más—
que no todo consuelo
tiene que explicar.

A veces la vida
es simple y fiel:
una pausa dulce,
y seguir de pie.





 

Gestos que pesan.


Gestos que pesan.

Exceso de cara de culo,
decía el espejo sin voz,
no por fealdad del gesto,
sino por cansancio del sol.

Hay días que se nos nota
todo lo que no salió,
las palabras que tragamos,
los sueños en pausa, el reloj.

Caminé así muchas cuadras,
con la frente en modo pared,
aprendiendo que la tristeza
también se cansa de ser.

No es enojo, es defensa,
una forma torpe de estar,
cuando el mundo aprieta fuerte
y no sabés cómo aflojar.

Después entendí algo simple,
de esos golpes que enseñan bien:
no toda cara cerrada
es falta de amor,
a veces es falta de ayer.





 

miércoles, 28 de enero de 2026

Segunda vuelta.


Segunda vuelta.

No sos el plato fuerte,
sos el hambre que vuelve,
cuando el día se apaga
y el silencio me entiende.

Aprendí en la calle del tiempo
a comer lo que había,
pero tu presencia
siempre me elegía.

Hay amores que llenan,
y otros que acompañan,
vos sos ese fuego
que no quema: abriga.

Te elijo sin ruido,
sin brindis ni escena,
como quien sabe
que lo bueno se repite.

Porque la vida enseña
con golpes y fe:
no todo lo eterno cansa,
algunas cosas…
se vuelven hogar.





 

Entradas populares

Destacados

El umbral que me nombra.

Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *