El umbral que me nombra.
Llegué hasta acá sin mapas,
con los bolsillos llenos de intentos
y la voz cansada de explicarme al mundo.
con los bolsillos llenos de intentos
y la voz cansada de explicarme al mundo.
El cielo se partió en dos como un espejo antiguo:
de un lado, la paz que ya conozco,
del otro, el vértigo de empezar de nuevo.
Ambos me miran.
Ambos dicen “soy yo”.
de un lado, la paz que ya conozco,
del otro, el vértigo de empezar de nuevo.
Ambos me miran.
Ambos dicen “soy yo”.
Hubo un tiempo en que quise certezas,
una señal clara, una línea recta,
pero la vida
una señal clara, una línea recta,
pero la vida
—lo aprendí a los golpes—
es más pasillo que destino.
es más pasillo que destino.
Crecí eligiendo a medias,
avanzando con miedo pero avanzando,
perdiendo personas, versiones, promesas,
ganando cicatrices que hoy me sostienen.
avanzando con miedo pero avanzando,
perdiendo personas, versiones, promesas,
ganando cicatrices que hoy me sostienen.
En este umbral entiendo algo simple:
no soy el que duda,
soy el que llegó hasta acá.
No soy el final del camino,
soy el paso que se anima.
no soy el que duda,
soy el que llegó hasta acá.
No soy el final del camino,
soy el paso que se anima.
Y mientras el mundo se divide en colores imposibles,
camino.
Porque quedarse quieto también es una elección,
y yo ya elegí
seguir siendo.
camino.
Porque quedarse quieto también es una elección,
y yo ya elegí
seguir siendo.