sábado, 21 de febrero de 2026

Ese pequeño triunfo.


Ese pequeño triunfo.

Nice.
Así, sin exagerar,
como quien sonríe leve
pero por dentro explota.

No es euforia desmedida,
es satisfacción precisa,
cuando el esfuerzo callado
por fin se materializa.

Nice
es la meta chiquita lograda,
el diseño que encaja perfecto,
el paso firme después de la nada.

Aprendí que no todo éxito
necesita escenario y canción,
a veces basta un susurro
que confirme la intención.

Nice
cuando el miedo no ganó,
cuando el intento valió,
cuando el corazón entiende
que avanzar
ya es un montón.





 

Simplemente, nice.


Simplemente, nice.

Nice.
Tan breve la palabra
y tan grande el momento.

No grita victoria,
no pide aplauso,
solo cae exacta
cuando algo encaja.

Nice
es ese segundo limpio
donde el caos descansa,
donde el plan funciona
y el alma no se cansa.

Aprendí a celebrarlo así,
sin fuegos artificiales,
porque la vida no siempre
regala finales épicos.

A veces basta
con que algo salga bien,
con que el corazón diga
“valió la pena”.

Nice.
Pequeña palabra,
gran sensación:
cuando el mundo se ordena
justo a tu favor.





 

El centro que me ordena.


El centro que me ordena.

Soy líneas que se buscan,
nodos que se enlazan,
un mapa dibujado
cuando las dudas pasan.

Arriba una pregunta,
abajo una raíz,
a los lados caminos
que dicen “sé feliz”.

Pero no es tan simple,
la vida no es esquema,
es pulso que se mueve
aunque nadie lo vea.

Yo también fui caos,
puntos sin conexión,
ideas dispersas
pidiendo dirección.

Hasta que entendí algo
tan claro y tan profundo:
si encuentro mi centro
no me pierde el mundo.

Cada círculo es vínculo,
cada trazo elección,
cada cruce es el instante
donde nace la intención.

No necesito ruido
ni respuesta total,
me basta con sentir
que mi eje es real.

Porque cuando el alma
se alinea en silencio,
el universo deja
de ser tan inmenso.





 

Geometría del alma.


Geometría del alma.

Líneas que se cruzan,
círculos que laten,
un centro que sostiene
lo que los extremos combaten.

No es solo un símbolo,
es mapa interior,
una brújula callada
que apunta al valor.

Arriba, la pregunta.
Abajo, el origen.
A los lados, caminos
que exigen y corrigen.

Aprendí que la vida
no es recta ni simple,
es nodo que conecta
lo frágil y lo firme.

Cada círculo es vínculo,
cada línea decisión,
cada cruce es el instante
donde elijo dirección.

No todo está afuera,
no todo es destino,
hay un centro invisible
marcando el camino.

Y aunque el mundo gire
sin dar explicación,
si encuentro mi eje,
encuentro razón.

Geometría del alma,
silencio que guía,
cuando entiendo mi forma
entiendo mi vida.





 

Hijo del universo.


Hijo del universo.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
fragmento mínimo
de un fuego antiguo.

No caí por accidente,
soy resto de una explosión sagrada,
materia que aprendió
a llamarse alma.

Camino con dudas humanas,
pago cuentas, tropiezo,
pero en la sangre guardo
la memoria del cielo.

A veces me siento chico,
perdido en la ciudad,
y olvido que estoy hecho
de la misma luz que el mar.

La vida me golpea fuerte,
me enseña a resistir,
porque no vine a brillar quieto,
vine a existir.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
con miedo,
con fe,
pero decidido
a arder hasta el fin.





 

viernes, 20 de febrero de 2026

Materia que insiste.


Materia que insiste.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
chispa antigua
con ganas de latir.

Vengo de un cielo
que ya no recuerdo,
pero algo en mi pecho
sabe que no estoy perdido.

Camino la tierra
como quien cae del cosmos,
aprendiendo a ser humano
entre errores y asombros.

Me dijeron “sos pequeño”,
me sentí a veces así,
pero el universo respira
también dentro de mí.

Cada miedo es eclipse,
cada logro, explosión,
cada lágrima guarda
una constelación.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
no perfecto,
no eterno,
pero ardiendo por sentir.





 

Plano secuencia.


Plano secuencia.

¡LPM, esto es cineee!,
lo grita el pecho sin ensayo,
cuando la vida mete un giro
que no estaba en el calendario.

No hay director ni corte,
no hay segunda toma,
es el destino improvisando
con sangre y con aroma.

El héroe era el más callado,
la escena parecía perdida,
y de pronto el silencio
se convierte en ovación encendida.

Yo viví un momento así,
cuando todo era cuesta arriba,
y en un segundo exacto
la historia cambió de esquina.

No es ficción exagerada,
es verdad cuando sorprende,
cuando el miedo queda chico
y el alma se enciende.

¡LPM, esto es cineee!,
cuando el instante es tan sincero
que ni el mejor guionista
lo hubiera escrito primero.





 

jueves, 19 de febrero de 2026

Escena inolvidable.


Escena inolvidable.

¡¡¡LPM, esto es cineee!!!
grita el alma sin filtro,
cuando la vida se pasa
de épica en un segundo.

No es pantalla,
no es guion escrito,
es el instante perfecto
cayendo infinito.

La pelota en el ángulo,
el beso inesperado,
la revancha del que estaba
contra las cuerdas, olvidado.

Yo lo sentí una vez,
cuando todo parecía gris,
y de golpe la historia
decidió aplaudir.

La vida tiene esas tomas
que no se repiten dos veces,
planos abiertos del pecho
cuando el miedo retrocede.

¡¡¡LPM, esto es cineee!!!
cuando el corazón entiende
que hay momentos tan grandes
que ni la ficción los vende.





 

Color profundo.


Color profundo.

Tu rostro es un pensamiento en pausa,
una página que respira despacio,
un color que no lastima
pero deja marca.

No es tristeza,
es memoria.
No es distancia,
es historia.

En tus ojos hay un mar
que aprendió a quedarse quieto,
como si ya hubiera vivido
todas las tormentas del tiempo.

Yo también supe mirar así,
cuando entendí que crecer
no es endurecerse,
sino sostener lo que duele
sin romperse.

Tu cabello cae como sombra suave,
como verso que no necesita rima,
como silencio que dice más
que cualquier grito encima.

Color que no enfría,
color que revela,
que la fuerza más grande
es la que no se exhibe,
la que simplemente
permanece.

Y en esa calma intensa,
tan simple, tan sincera,
comprendo que hay miradas
que no buscan ser vistas,
solo ser verdaderas.





 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Azul que guarda el silencio.


Azul que guarda el silencio.

Tu mirada no grita,
susurra.
Es un océano quieto
donde el tiempo duda.

Azul sobre piel,
como si la noche
hubiera decidido quedarse
a vivir en tu rostro.

Hay algo en tus ojos
que no pide respuesta,
solo presencia.
Solo verdad.

Aprendí una vez
que no todo lo profundo hace ruido,
que a veces el dolor
se vuelve elegante,
y la nostalgia
se disfraza de calma.

Tu cabello cae
como pensamiento largo,
como idea que no termina
pero acompaña.

Y en ese gesto leve,
casi inmóvil,
entiendo algo simple:
la belleza no es forma,
es historia contenida.

Azul que no enfría,
azul que abraza,
azul que recuerda
que sentir
también es un acto de valentía.





 

Hasta que amanezca.


Hasta que amanezca.

Lo haremos toda la noche,
pero no como quien corre,
sino como quien descubre
un idioma sin nombre.

Sin mapa,
sin reloj,
dejando que la piel
escriba su propia voz.

No es solo fuego,
es pausa y mirada,
es risa entre sábanas
cuando el alma se desarma.

Aprendí que el deseo real
no grita,
respira lento,
se construye en el detalle
y crece en el momento.

Que la noche sea larga,
que el mundo espere afuera,
si nos encontramos de verdad
cada minuto
vale la pena.





 

martes, 17 de febrero de 2026

Que la noche nos encuentre.


Que la noche nos encuentre.

¡Lo haremos toda la noche!,
decís, y la frase arde,
pero más que el cuerpo
es la intención la que late.

No es prisa,
es deseo compartido,
dos fuegos que se buscan
sin sentirse prohibidos.

La piel habla claro,
sin metáfora complicada,
cuando el abrazo es sincero
la noche se vuelve aliada.

Aprendí que el amor físico
no es solo impulso y calor,
es mirarse de cerca
sin miedo al temblor.

Que sea larga la noche,
que el mundo espere afuera,
si el deseo es mutuo
cada minuto
vale la pena.





 

Entre el saludo y el incendio.


Entre el saludo y el incendio.

¿Beso de buenas noches
o noche de buenos besos?
La frase suena leve,
pero late como exceso.

Hay noches que se conforman
con un roce educado,
y otras que piden historia
en cada labio rozado.

Yo aprendí tarde
que el límite es frágil,
que un beso pequeño
puede cambiar el paisaje.

No es cuestión de apuro,
es cuestión de intención,
si el corazón se adelanta
no hay reloj ni razón.

Decime qué busca tu boca
cuando el día se apaga:
si cerrar el capítulo…
o empezar la saga.





 

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