Mesa y en el alma.
La gloria de un país que no se explica,
no es solo fútbol, es la fe cuando se complica,
es la charla que empieza y nunca se termina,
en un asado cualquiera… donde el corazón opina.
Está en la mesa, entre el humo y la carne,
en el tío que grita “¡es el más grande!”,
en el pibe que sueña con un potrero y un balón,
y en el mate que gira con debate y pasión.
“¿Viste ese gol?”
-y ya no importa el contexto-,
la jugada se agranda en relato honesto,
cada uno la cuenta con su propio texto,
como si el tiempo se doblara en ese gesto.
No juega solo en la cancha,
juega en cada domingo donde el alma se ensancha,
en la radio de fondo, en la voz que se engancha,
en la risa compartida que nunca se mancha.
Somos un país hablando de lo mismo mil veces,
repitiendo la magia como viejas oraciones,
porque hay goles que no son goles… son emociones,
y hay jugadas que viven en generaciones.
Mate en mano, mirada al cielo,
“qué locura este tipo”… dice el abuelo,
y en ese instante simple, sin ningún modelo,
es más que un nombre… es un lazo en el suelo.
La gloria en lo cotidiano,
en la esquina, en el bar, en lo más cercano,
en ese orgullo absurdo pero tan humano,
de decir “es Argentino”… y sentirlo hermano.
No es solo levantar la copa en el final,
es todo lo que une en lo esencial,
porque en cada costumbre, en cada ritual,
es la excusa… para sentirnos igual.
Y aunque el tiempo pase y el fútbol cambie,
y otros nombres intenten ocupar su imagen,
habrá un fuego eterno en cada paisaje:
Messi en la memoria… como un lenguaje.
XUS