sábado, 21 de febrero de 2026

Hijo del universo.


Hijo del universo.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
fragmento mínimo
de un fuego antiguo.

No caí por accidente,
soy resto de una explosión sagrada,
materia que aprendió
a llamarse alma.

Camino con dudas humanas,
pago cuentas, tropiezo,
pero en la sangre guardo
la memoria del cielo.

A veces me siento chico,
perdido en la ciudad,
y olvido que estoy hecho
de la misma luz que el mar.

La vida me golpea fuerte,
me enseña a resistir,
porque no vine a brillar quieto,
vine a existir.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
con miedo,
con fe,
pero decidido
a arder hasta el fin.





 

viernes, 20 de febrero de 2026

Materia que insiste.


Materia que insiste.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
chispa antigua
con ganas de latir.

Vengo de un cielo
que ya no recuerdo,
pero algo en mi pecho
sabe que no estoy perdido.

Camino la tierra
como quien cae del cosmos,
aprendiendo a ser humano
entre errores y asombros.

Me dijeron “sos pequeño”,
me sentí a veces así,
pero el universo respira
también dentro de mí.

Cada miedo es eclipse,
cada logro, explosión,
cada lágrima guarda
una constelación.

Soy polvo de estrellas buscando vivir,
no perfecto,
no eterno,
pero ardiendo por sentir.





 

Plano secuencia.


Plano secuencia.

¡LPM, esto es cineee!,
lo grita el pecho sin ensayo,
cuando la vida mete un giro
que no estaba en el calendario.

No hay director ni corte,
no hay segunda toma,
es el destino improvisando
con sangre y con aroma.

El héroe era el más callado,
la escena parecía perdida,
y de pronto el silencio
se convierte en ovación encendida.

Yo viví un momento así,
cuando todo era cuesta arriba,
y en un segundo exacto
la historia cambió de esquina.

No es ficción exagerada,
es verdad cuando sorprende,
cuando el miedo queda chico
y el alma se enciende.

¡LPM, esto es cineee!,
cuando el instante es tan sincero
que ni el mejor guionista
lo hubiera escrito primero.





 

jueves, 19 de febrero de 2026

Escena inolvidable.


Escena inolvidable.

¡¡¡LPM, esto es cineee!!!
grita el alma sin filtro,
cuando la vida se pasa
de épica en un segundo.

No es pantalla,
no es guion escrito,
es el instante perfecto
cayendo infinito.

La pelota en el ángulo,
el beso inesperado,
la revancha del que estaba
contra las cuerdas, olvidado.

Yo lo sentí una vez,
cuando todo parecía gris,
y de golpe la historia
decidió aplaudir.

La vida tiene esas tomas
que no se repiten dos veces,
planos abiertos del pecho
cuando el miedo retrocede.

¡¡¡LPM, esto es cineee!!!
cuando el corazón entiende
que hay momentos tan grandes
que ni la ficción los vende.





 

Color profundo.


Color profundo.

Tu rostro es un pensamiento en pausa,
una página que respira despacio,
un color que no lastima
pero deja marca.

No es tristeza,
es memoria.
No es distancia,
es historia.

En tus ojos hay un mar
que aprendió a quedarse quieto,
como si ya hubiera vivido
todas las tormentas del tiempo.

Yo también supe mirar así,
cuando entendí que crecer
no es endurecerse,
sino sostener lo que duele
sin romperse.

Tu cabello cae como sombra suave,
como verso que no necesita rima,
como silencio que dice más
que cualquier grito encima.

Color que no enfría,
color que revela,
que la fuerza más grande
es la que no se exhibe,
la que simplemente
permanece.

Y en esa calma intensa,
tan simple, tan sincera,
comprendo que hay miradas
que no buscan ser vistas,
solo ser verdaderas.





 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Azul que guarda el silencio.


Azul que guarda el silencio.

Tu mirada no grita,
susurra.
Es un océano quieto
donde el tiempo duda.

Azul sobre piel,
como si la noche
hubiera decidido quedarse
a vivir en tu rostro.

Hay algo en tus ojos
que no pide respuesta,
solo presencia.
Solo verdad.

Aprendí una vez
que no todo lo profundo hace ruido,
que a veces el dolor
se vuelve elegante,
y la nostalgia
se disfraza de calma.

Tu cabello cae
como pensamiento largo,
como idea que no termina
pero acompaña.

Y en ese gesto leve,
casi inmóvil,
entiendo algo simple:
la belleza no es forma,
es historia contenida.

Azul que no enfría,
azul que abraza,
azul que recuerda
que sentir
también es un acto de valentía.





 

Hasta que amanezca.


Hasta que amanezca.

Lo haremos toda la noche,
pero no como quien corre,
sino como quien descubre
un idioma sin nombre.

Sin mapa,
sin reloj,
dejando que la piel
escriba su propia voz.

No es solo fuego,
es pausa y mirada,
es risa entre sábanas
cuando el alma se desarma.

Aprendí que el deseo real
no grita,
respira lento,
se construye en el detalle
y crece en el momento.

Que la noche sea larga,
que el mundo espere afuera,
si nos encontramos de verdad
cada minuto
vale la pena.





 

martes, 17 de febrero de 2026

Que la noche nos encuentre.


Que la noche nos encuentre.

¡Lo haremos toda la noche!,
decís, y la frase arde,
pero más que el cuerpo
es la intención la que late.

No es prisa,
es deseo compartido,
dos fuegos que se buscan
sin sentirse prohibidos.

La piel habla claro,
sin metáfora complicada,
cuando el abrazo es sincero
la noche se vuelve aliada.

Aprendí que el amor físico
no es solo impulso y calor,
es mirarse de cerca
sin miedo al temblor.

Que sea larga la noche,
que el mundo espere afuera,
si el deseo es mutuo
cada minuto
vale la pena.





 

Entre el saludo y el incendio.


Entre el saludo y el incendio.

¿Beso de buenas noches
o noche de buenos besos?
La frase suena leve,
pero late como exceso.

Hay noches que se conforman
con un roce educado,
y otras que piden historia
en cada labio rozado.

Yo aprendí tarde
que el límite es frágil,
que un beso pequeño
puede cambiar el paisaje.

No es cuestión de apuro,
es cuestión de intención,
si el corazón se adelanta
no hay reloj ni razón.

Decime qué busca tu boca
cuando el día se apaga:
si cerrar el capítulo…
o empezar la saga.





 

lunes, 16 de febrero de 2026

La duda del deseo.


La duda del deseo.

¿Beso de buenas noches
o noche de buenos besos?
La pregunta cae suave,
pero enciende el universo.

Hay gestos que son frontera,
otros son puerta abierta,
y a veces una caricia
decide la respuesta.

Aprendí que el amor no avisa,
no toca timbre ni razón,
empieza con algo simple
y termina en canción.

Un beso puede ser despedida,
o el principio del fuego,
todo depende del pulso
que lleven los cuerpos.

Así que no apuremos la noche,
dejemos hablar al momento:
si el beso es sincero,
la noche sabrá
qué hacer con el resto.





 

Ébano en pie.


Ébano en pie.

Soy sombra dibujada,
trazo que no pide permiso,
casco mirando al frente
aunque el mundo esté indeciso.

Rojo que gotea memoria,
mancha que no se esconde,
cada gota es una historia
de esas que nadie responde.

No nací guerrero,
me hice en el intento,
cuando la vida golpeaba
sin aviso y sin argumento.

Aprendí que la armadura
no es hierro ni metal,
es la fe que te sostiene
cuando todo sale mal.

Avanzo sin gritar,
mi paso no hace ruido,
pero cargo cicatrices
que me dejaron erguido.

Porque el valor no es brillo,
ni victoria asegurada,
es mirar al miedo fijo
y no bajar la mirada.

Soy figura en tinta oscura,
pero late el corazón,
y aunque el mundo sea batalla
yo elijo mi razón.

Ébano en pie, firme y sincero,
no peleo por aplausos,
peleé por no caer primero.






 

domingo, 15 de febrero de 2026

Guerrero de tinta.


Guerrero de tinta.

Negro sobre blanco,
silencio con casco,
historia que sangra
en cada trazo.

No es mármol perfecto,
es mancha que cae,
es guerra dibujada
en pulso inestable.

Lo miro y me miro:
también fui armadura,
también levanté lanza
cuando el miedo murmura.

Aprendí que la fuerza
no siempre hace ruido,
a veces resiste
callada, herido.

La vida es batalla
sin campo anunciado,
te empuja al centro
sin darte soldados.

Y ahí comprendí,
entre sombra y reflejo,
que el héroe no nace
invicto ni viejo.

Se forja en la duda,
se tiñe de oscuro,
se cae, se levanta,
camina seguro.

Porque no es la espada
lo que marca el destino,
es seguir avanzando
aunque tiemble el camino.

Guerrero de tinta,
manchado de ayer,
no lucho por gloria,
lucho por ser.





 

Vale seguir.


Vale seguir.

No te detengas,
aunque el suelo tiemble,
aunque la noche parezca
más larga que tu fe.

Tus sueños valen la pena,
no porque sean perfectos,
sino porque nacieron
cuando nadie miraba.

Yo también dudé,
me senté al costado del camino,
mirando cómo otros corrían
con certezas prestadas.

Pero el corazón 
—terco y sabio—
me habló sin metáfora:
“si no avanzás por miedo,
ya estás perdiendo”.

No te detengas,
aunque sea paso corto,
aunque sea en silencio.

Porque el que insiste
con verdad en el pecho,
termina llegando
a su propio destino.





 

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