El gesto que salva.
No fue una muralla lo que me sostuvo,
fue un gesto.
Dos manos dibujando un silencio
cuando todo alrededor gritaba.
fue un gesto.
Dos manos dibujando un silencio
cuando todo alrededor gritaba.
En el centro, una chispa mínima,
frágil como una promesa al amanecer,
pero suficiente
para no rendirme.
frágil como una promesa al amanecer,
pero suficiente
para no rendirme.
La vida me enseñó temprano
que ser fuerte no es empujar,
es saber cuándo rodear el dolor
y no dejarlo caer.
que ser fuerte no es empujar,
es saber cuándo rodear el dolor
y no dejarlo caer.
Hubo días sin respuestas,
días donde avanzar era apenas
respirar sin romperse,
y aun así,
esas manos invisibles
me mantuvieron de pie.
días donde avanzar era apenas
respirar sin romperse,
y aun así,
esas manos invisibles
me mantuvieron de pie.
Hoy hago lo mismo:
cuando puedo, cuido.
Cuando no, resisto.
Porque entendí
cuando puedo, cuido.
Cuando no, resisto.
Porque entendí
—tarde, pero claro—
que el mundo no se gana,
se protege.
que el mundo no se gana,
se protege.
Y en ese acto simple,
casi sagrado,
aprendí a vivir.
casi sagrado,
aprendí a vivir.