No me quemes en este laberinto.
Caigo en la charla y ya siento el calor,
miradas que apuntan directo al error,
alguien se ríe, sospecho traición,
mi pasado aparece sin invitación.
No me quemes… que ya aprendí la lección.
El espejo me muestra versiones dudosas,
yo serio por fuera, por dentro mil cosas,
recuerdos que vuelven en formas graciosas,
metidas de pata… gloriosamente horrorosas.
Y el reflejo se ríe… de mis propias prosas.
En este laberinto de amigos letales,
cada historia revive momentos fatales,
“¿te acordás de esa vez?”
yo busco salidas en gestos neutrales.
Pero siempre hay uno… que trae los finales.
El tiempo es circular, lo puedo afirmar,
porque lo que oculté vuelve a empezar,
cada anécdota rota quiere regresar,
como un loop diseñado para incomodar.
No me quemes… dejame al menos respirar.
Intento esquivar con humor y estilo,
respondo con rimas, mantengo el hilo,
si me van a exponer, que sea tranquilo,
con flow elegante, aunque esté en el filo.
Porque si caigo… que sea con brillo.
Y al final entendí, entre risa y tensión,
que quemarse también une al montón,
somos errores en repetición,
pero compartidos… bajan la presión.
No me quemes… o bueno, quemame con corazón.