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jueves, 9 de abril de 2026

Dos infinitos en un mismo latido.

Dos infinitos en un mismo latido.

Danza del dragón dual, lo digo y algo despierta,
una mitad que construye, otra mitad que revienta,
dos voces en simultáneo discutiendo la verdad:
y en ese cruce imposible… aparece la identidad.

Uno mira al pasado, lo repite sin descanso,
otro empuja al futuro con un vértigo manso,
y en el filo del presente, donde todo suele arder:
soy el punto exacto… donde empiezo a ser.

No hay guerra que ganar, ni enemigo que vencer,
como un espejo infinito que no deja de girar:
cada reflejo distinto… me vuelve a nombrar.

Danza del dragón dual, no sos mito ni ficción,
sos el pulso dividido que sostiene el corazón,
la ternura y la furia compartiendo un mismo andar:
dos extremos que eligen… no dejar de crear.

Y si el tiempo es un bucle que me insiste en repetir,
que fui sombra y fui fuego antes de decidir,
hoy abrazo lo doble sin miedo a fallar:
porque ser plenamente… es saberse dual.




miércoles, 8 de abril de 2026

Reinicio en voz baja.

Reinicio en voz baja.

Me hablé al espejo sin épica, sin gloria, sin ruido,
con los restos del día y el pulso medio herido,
dije “hoy empiezo”, sin promesa monumental,
y en ese gesto mínimo… torcí mi espiral.

No fue un incendio, fue chispa que aprende a quedarse,
un hábito pequeño que insiste en nombrarse,
cambiar no es gritarle al mundo que ya sos mejor:
es tratarte distinto… cuando falla el motor.

El tiempo me repite, circular, terco y sincero,
que volver a elegirme también es un sendero,
soy todos mis intentos, los que fui y los que seré,
un laberinto amable… donde por fin me encontré.

Amor propio no es cima ni un discurso brillante,
es sostenerme a solas cuando todo es distante,
es darme ese uno por ciento sin pedir aprobación:
la fe diminuta… que reconstruye el corazón.

Y si mañana tropiezo, no rompo lo construido,
porque el cambio es un ritmo que aprende del ruido,
me digo “seguí, despacio”, y el mundo vuelve a latir:
soy mi propio comienzo… cada vez que decido seguir.




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