Dos infinitos en un mismo latido.
Danza del dragón dual, lo digo y algo despierta,
una mitad que construye, otra mitad que revienta,
dos voces en simultáneo discutiendo la verdad:
y en ese cruce imposible… aparece la identidad.
Uno mira al pasado, lo repite sin descanso,
otro empuja al futuro con un vértigo manso,
y en el filo del presente, donde todo suele arder:
soy el punto exacto… donde empiezo a ser.
No hay guerra que ganar, ni enemigo que vencer,
como un espejo infinito que no deja de girar:
cada reflejo distinto… me vuelve a nombrar.
Danza del dragón dual, no sos mito ni ficción,
sos el pulso dividido que sostiene el corazón,
la ternura y la furia compartiendo un mismo andar:
dos extremos que eligen… no dejar de crear.
Y si el tiempo es un bucle que me insiste en repetir,
que fui sombra y fui fuego antes de decidir,
hoy abrazo lo doble sin miedo a fallar:
porque ser plenamente… es saberse dual.
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