Laberinto en tus ojitos.
Tus ojitos, mi vicio… lo digo bajito,
como quien invoca un secreto infinito,
me pierdo en su brillo, me pierdo en su rito,
dos luces que saben leer lo prohibido.
Y en esa mirada… ya todo está escrito.
Son reflejos donde no soy el mismo,
me doblan el pulso, me cambian el ritmo,
reflejan deseo con leve cinismo,
y en cada destello renace el abismo.
Tus ojitos… mi dulce y preciso egoísmo.
Camino tu cuerpo como laberinto,
sin mapa ni prisa, pero con instinto,
cada curva tuya redefine el mito,
cada roce enciende lo que no admito.
Tus ojitos, mi vicio… y en vos me derrito.
El tiempo se rompe cuando te acercás,
se vuelve un bucle que pide más,
cada beso guarda lo que no dirás,
cada pausa es fuego que vuelve a empezar.
Y en ese silencio… nos volvemos a crear.
No es solo deseo, es otra conexión,
una forma intensa de interpretación,
donde lo carnal roza la ilusión,
y lo más profundo pierde definición.
Tus ojitos, mi vicio… mi eterna tentación.
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