Geometría del destino en Z.
Trazo una línea, recta, pero el alma se curva,
como ese círculo al centro donde el silencio murmura.
Soy la Z que se quiebra, que avanza y se desvía,
un mapa de lo invisible dibujado en rebeldía.
Hay símbolos flotando que no sé descifrar,
pero laten en mi pecho como un código ancestral.
Cruces, ángulos, órbitas… todo gira en razón,
y yo en medio del caos buscando una dirección.
Freestyle en la mente, la métrica se desliza,
como líneas diagonales que el destino improvisa.
No es azar, es lenguaje, lo que el trazo revela,
una historia sin palabras que en mi espíritu se cuela.
La Z no es final, es un puente torcido,
entre lo que fui ayer y lo que aún no he sido.
Geometría sagrada, fragmentada y perfecta,
cada error en la vida también es línea correcta.
Y aunque el diseño parezca frío, técnico y distante,
hay un pulso escondido, hay un grito constante.
Porque dentro del orden también vive el temblor,
y en cada intersección… habita el amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias!