No me quemes, que me prendo solo.
Arranco la noche con cara inocente,
pero el grupo sabe que miento elegante,
tiran indirectas directo a la frente,
No me quemes…
que yo solo soy detonante.
El espejo del bar me guiña traición,
me devuelve un “ojo” con complicación,
sé que en cualquier momento cae la acusación,
de aquella locura sin explicación.
Y alguien la cuenta… con lujo de edición.
cada esquina es meme de alguna locura,
“¿te acordás cuando…?”; ya perdí la compostura,
me río primero, estrategia segura.
Si me van a quemar… que sea con altura.
El tiempo es un loop de papelones finos,
repiten mis fails como grandes destinos,
yo esquivo elegante, cambio los caminos,
pero siempre aparece el peor de los vinos.
No me quemes… o al menos serví dos más, vecino.
Hay picardía flotando en el aire,
miradas que juegan, tensión que no cae,
doble sentido que nadie desarme,
la noche se presta para ese desmadre.
Y yo en la cuerda floja… bailando en el desastre.
Pero al final, entre risas y fuego,
entendí que quemarse también es el juego,
somos versiones que exagera el ego,
historias que crecen después de un trago ciego.
No me quemes… mejor brindemos y luego.
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