Manual para no quemarnos vivos.
No me quemes, loca, que traje el caos planchado,
vengo del barrio del delirio, mal dormido y enamorado,
vos me mirás con esa risa de crimen improvisado,
y yo ya siento que el universo nos dejó mal configurados.
Ayer juramos ser serios… duramos veinte segundos,
terminamos filosofando borrachos sobre dos mundos,
vos dijiste “sos un incendio”, yo: “vos un fósforo profundo”,
y acabamos riéndonos desnudos… de lo absurdo del asunto.
No me quemes con secretos que decimos al oído,
con esa intimidad salvaje de reír por lo prohibido,
el tiempo nos mira loco, como un dios mal construido,
somos dos cómplices fugados de un manicomio compartido.
Vos me pinchás con picardía: “no aguantás ni una locura”,
yo respondo: “soy un pendejo con resaca y travesura”,
hacemos del amor un chiste con elegante calentura,
y si ardemos… que sea juntos por exceso de ternura.
El futuro es un chiflido, un desastre delicioso,
una cama de carcajadas, un complot maravilloso,
si me quemás que sea riendo, criminal y afectuoso,
porque el amor más peligroso… siempre fue el más humoroso.
No me quemes… o quemame, pero en confianza y despacito,
como dos locos que encontraron un infinito chiquitito,
entre bromas, piel y mates se volvió eterno el rito,
y si el mundo explota hoy… nos reímos desde adentro del mito.
XUS
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