Amar al mundo aunque duela.
Amar es abrir los ojos aunque el mundo lastime,
aunque el ruido golpee y la fe se te desanime,
es ver belleza en lo roto, en lo simple, en lo fugaz:
un acto de rebeldía… contra todo lo demás.
Amar al mundo es aceptar su caos imperfecto,
sus calles, sus silencios, su pulso indirecto,
como un libro infinito que no se deja cerrar,
donde cada error humano… vuelve a empezar.
No es ingenuo el que ama, es valiente en lo profundo,
porque abraza la herida sin huir del segundo,
sabe que el tiempo es un círculo que insiste en girar:
y aun así elige siempre… quedarse a amar.
Amar es creatividad latiendo en lo cotidiano,
es darle forma al vacío con un gesto de la mano,
es decirle al abismo “no me vas a vencer”:
porque amar es el arte… de volver a creer.
Y aunque el mundo se rompa mil veces al andar,
hay algo en lo humano que no deja de intentar,
un hilo invisible que se niega a soltar:
amarlo todo, incluso… lo que duele mirar.
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