lunes, 30 de marzo de 2026

Cuando el azar me nombró.

Cuando el azar me nombró.

No buscaba a nadie… y te vi,
pero no fue un “ver”, fue un latido en mí,
como si algo antiguo dijera “es aquí”,
aunque todo en mi vida gritaba “huí”.

Venía cansado de nombres vacíos,
de abrazos que eran apenas desvíos,
de promesas frágiles, de falsos bríos,
de noches que hablaban en tonos sombríos.

No buscaba a nadie, lo juro en la piel,
me había hecho amigo de estarme fiel,
de no repartir lo que no supe ver…
de cerrar la puerta antes de caer.

Y entonces pasaste, sin pedir permiso,
sin ruido, sin épica, sin compromiso,
pero en tu mirada encontré un aviso:

No fue inmediato, no fue perfecto,
hubo dudas, miedos, algún desconecto,
pero había algo tan honesto y directo
que hasta el silencio tenía un proyecto.

No buscaba a nadie… y te vi de verdad,
sin filtros, sin pose, sin necesidad,
y en esa simpleza, en esa claridad,

Empecé a creer en lo no esperado,
en lo que no grita, pero queda marcado,
en lo que aparece cuando estás cansado
de haberlo intentado… y no haber logrado.

Y sí, tuve miedo, no voy a mentir,
porque abrir el pecho no es solo sentir,
es dejar que alguien pueda destruir
lo poco que queda… o hacerlo vivir.

Pero en tu forma de quedarte ahí,
sin exigir nada, sin querer huir,
entendí que amar no es solo “decir”…
es sostener cuando todo es gris.

No buscaba a nadie… y te vi,
y en ese segundo algo habló por mí,
no fue el destino, ni un cuento sutil…
fue el alma diciendo: “quedate aquí”.

Y hoy no sé qué nombre darle a esto,
si azar, si suerte, si algo honesto,
solo sé que en medio de todo lo incierto…
encontrarte… fue lo más cierto.




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