martes, 24 de febrero de 2026

La muchacha y el muro infinito.



La muchacha y el muro infinito.

Hay un muro que grita colores
como si el mundo no tuviera memoria.
Hay una muchacha de rodillas
que parece cargar su propia historia.

El fondo estalla en neón,
azules que cortan el aire,
rosas que incendian la noche,
verdes que nadie repare.

Pero ella calla.
Y en su silencio hay un laberinto.

Sus ojos brillan como símbolos
que el sol hubiera escrito:
dos espejos donde el universo
se repite, exacto e infinito.

No está vencida en la piedra,
está pensando su destino,
porque a veces caer de rodillas
es elegir el camino.

El grafiti firma el caos,
la ciudad late sin ley,
pero su pulso marca el ritmo:
boom bap del alma, ¿ok?.

La vida tira barras pesadas,
sin métrica, sin compás,
te lanza dudas en llamas
y te pregunta quién sos, nada más.

Y ella responde sin ruido,
sin pose, sin actuación:
“Soy fuego bajo la piel,
soy mi propia definición.”

No todo lo roto es derrota,
no todo el gris es final,
hay belleza en la grieta
que deja pasar lo esencial.

Entre escombros y luces eléctricas
se escribe una revelación:
el mundo puede ser muro,
pero tú decides la canción.






 

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