lunes, 9 de febrero de 2026

El gesto que salva.


El gesto que salva.

No fue una muralla lo que me sostuvo,
fue un gesto.
Dos manos dibujando un silencio
cuando todo alrededor gritaba.

En el centro, una chispa mínima,
frágil como una promesa al amanecer,
pero suficiente
para no rendirme.

La vida me enseñó temprano
que ser fuerte no es empujar,
es saber cuándo rodear el dolor
y no dejarlo caer.

Hubo días sin respuestas,
días donde avanzar era apenas
respirar sin romperse,
y aun así,
esas manos invisibles
me mantuvieron de pie.

Hoy hago lo mismo:
cuando puedo, cuido.
Cuando no, resisto.
Porque entendí 
—tarde, pero claro—
que el mundo no se gana,
se protege.

Y en ese acto simple,
casi sagrado,
aprendí a vivir.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias!

Entradas populares

Destacados

Peso justo.

Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *