viernes, 6 de febrero de 2026

La sonrisa que sabe demasiado.

La sonrisa que sabe demasiado.

Nací aprendiendo a reírme antes del golpe,
guiñándole un ojo al destino
como quien ya leyó el final del cuento.

No es burla, es defensa,
una mueca afilada
para que el mundo no note
cuando duele.

Aprendí temprano
que la vida no siempre explica sus reglas,
entonces improvisé:
una sonrisa torcida,
un chiste justo antes del miedo,
un paso adelante aunque tiemble el piso.

Dicen que el que sonríe así es pícaro,
pero pocos saben
que esa curva en la boca
es memoria.

Me caí, me levanté,
me volví a caer riéndome,
porque entendí 
—como en un laberinto borgiano
que perderse también
es una forma de avanzar.

Hoy sigo sonriendo igual,
no porque no me importe,
sino porque sobreviví.
Y en este juego raro que llamamos vida,
a veces la mayor sabiduría
es saber reír
cuando el caos te mira a los ojos.





 

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